Poniendo en orden la casa

Estos últimos meses he estado muy interesada en videos, libros y en general en información de tipo espiritual, administración del tiempo y manejo del dinero. En ocasiones siento que mi vida entera es un caos. No me nutro espiritualmente, mi casa en un desorden total y las finanzas familiares tienen vida propia con inclinación a las deudas. He tomado la determinación de poner en orden mi vida incluyendo estos tres aspectos que les acabo de mencionar. Espero ir abordando cada uno de ellos en diferentes entradas. Hoy empezaré por el primero: Crecimiento espiritual.

Por lo poco que llevo tratando de equilibrar mis rutinas diarias, he entendido, que la dedicación y la constancia son claves fundamentales para alcanzar nuestras metas. En mi caso puntual y dado que deseo tener una mejor y más cercana relación con Dios, debo luchar cada día por hacer de esto una prioridad. En muchos lugares he leído que mi tiempo con Dios debe ser lo primero que haga en el día; no sé si a ustedes les pasa, pero en mi caso, se me atraviesa la vida misma con sus afanes cada que me siento a orar, leer mi Biblia y escuchar al señor. Inicialmente, intenté levantarme más temprano que de costumbre, antes de que todos en casa despierten, pero por alguna razón dejé de hacerlo, más tarde, empecé mi tiempo a solas con Dios cuando despachaba a mi esposo y a mi hijo a su trabajo y jardín, funcionó por un tiempo; luego sencillamente, se me atravesó la vida de nuevo: los que haceres de la casa, llamadas telefónicas, visitas inesperadas, un embarazo que me puso a vomitar lo que no se me imaginan y así muchas otras actividades. Tiempo después, decidí que no tendría un momento fijo en el día para hacerlo, siempre y cuando lo hiciera, pero lamentablemente, debo reconocer que todas estas postergadas me han revelado que no le doy a Dios el lugar que le corresponde en mi vida: el #1.

Cuando empecé a conocer de Dios, estaba muy juiciosa leyendo, orando, escuchando y fue tal la conexión que desarrollé en aquellos días, que pude claramente oír a Dios responder mis oraciones, pude ver su misericordia, su bondad, sus respuestas. Indudablemente, estaba en comunión con Él. Hoy por hoy, siento que mis escasos esfuerzos son en vano, no logro escuchar su voz…la razón? No es mi prioridad, perdí mi comunicación diaria y constante con Él. No es mi idea hacer compromisos vacíos del tipo: mañana madrugaré y oraré o buscaré tiempo para el Señor. Sencillamente, y esto lo aprendí en una de mis tantas lecturas, debo optimizar mi tiempo.

Es muy común oírnos a nosotras mismas decirnos: no me alcanza el tiempo; el día debería tener más de 24 horas, estoy muy ocupada y así sucesivamente. He descubierto que es mentira. Una mentira que nos decimos para justificar las actividades en las que perdemos el tiempo: horas frente al tele viendo series en Netflix, horas en Internet revisando nuestras redes sociales, horas al teléfono hablando cosas sin importancia, siestas en las tardes, en fin, cada una de nosotras en una actitud de honestidad podrá determinar cuáles son las actividades que le quitan tiempo a su día. En mi caso, suelo despertar muy temprano y pasar hasta 40 minutos revisando mis redes sociales, claramente, cuando me doy cuenta, he perdido tiempo valioso en la mañana que no recuperaré por más que corra en el resto del día. Y lo más importante: allí le quité el puesto número uno a mi actividad estrella del día: mi tiempo a solas con Dios. Nota mental: dejar fuera de mi habitación el celular…

Espero leernos pronto. Saludos.

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De vuelta al teclado

Supongo que en tres años no tengo un solo lector porque escribo muy poco…bastante mal para ser uno de mis propósitos para el 2019. Estaba re leyendo mis anteriores entradas para recordar en que estaba, como iba y por dónde empezar este post. Me quedé bastante atrás en los acontecimientos de mi diario vivir. De hecho, me quedé con un artículo sin publicar, bastante “importante” en el que les relato a mis lectores invisibles que me quedé des-empleada. El post, en mi borrador del 12 de Agosto de 2018 iba así:

Ha terminado mi contrato laboral. Termina con un sin sabor, con sentimientos encontrados. Definitivamente, debo admitirlo, por más que me esforcé, mis resultados mostraron que ese no era mi lugar, que estaba enfocando mal mi tiempo y mis energías. Aprendí muchas cosas en términos laborales, conocí muchas personas, me enfrenté a nuevos retos, viví nuevas experiencias. Doy gracias al Padre celestial por permitirme este tiempo para re encontrarme y re descubrirme. Fue sufrido, fue difícil, pero fue maravilloso. Me ayudó a fortalecer mi carácter, a fortalecer mi espíritu, a fortalecer mi dependencia a Él.

Hoy, sentada frente a mi computador, puedo hacer un balance y agradecer por todo lo que ha pasado en lo que va corrido del año. Veo mi vida presente con aceptación y con Fe. Dejar atrás la seguridad de un empleo no es fácil, pero mi confianza está puesta en el cielo: el Señor es mi Pastor, nada me falta; en campos de verdes pastos me hace descansar..

Tú que me lees, mujer, madre, abuela, tía.  No importa cuál sea tu situación, por cual desierto estés atravesando, cual sea tu prueba; vuelve tu mirada al creador, busca tus respuestas en Él; agradece por todo lo que tienes y lo que no tienes. Los tiempos difíciles moldean nuestro carácter, liman nuestras asperezas, doman nuestras frustraciones. Toma fuertemente la mano del Padre y aférrate a Sus promesas, la vida no tiene por qué ser fácil, pero tampoco se trata de vivirla sufriendo y llorado; levántate, toma tu cruz y anda. Siempre hacia adelante y hacia arriba, no te desvíes, no te devuelvas, no te distraigas, sonríe. Niégate a mirarte a ti misma con lástima, con pesar. Date cuenta que la vida pasa sin que apenas lo notes. VIVE, que no se te pase la vida viéndola pasar. Toma decisiones, actúa. Equivócate, perdónate, corrige y continúa; no te quedes esperando el momento perfecto, la persona el perfecta, el lugar perfecto. Lo perfecto es ahora y es YA.   

Bastante motivador y realista; pero ahora que lo leo y que leo el anterior a este, titulado “Días difíciles” no pude más que decirme a mí misma que la pérdida de mi empleo fue la respuesta a lo que estaba atrayendo a mi vida con todas mis inseguridades, mis dudas y mi falta de agradecimiento.. Tendemos a pensar que cuando pedimos algo, debemos obtenerlo en un lapso de tiempo “razonable”, pero pocas veces nos damos cuenta que las cosas ocurren en diferentes momentos de la vida, pero no por azar, sino porque así hemos pensado, hablado y por tanto, actuado. Yendo un poco más atrás en mi lectura “recordatoria”, encontré otro post titulado “…¿Y para cuando el hermanito? Fechado en Noviembre de 2017. Pues he aquí la respuesta: para Junio de este año!!! Así es, estoy embarazada de una niña, mi segundo embarazo!!!. Frase repetida mil veces: los tiempos de Dios son perfectos. Creo fielmente que lo que ha pasado en mi vida en los últimos años es la respuesta a mis oraciones, pero también, a mis temores. Me encuentro en la ardua tarea de educar mi mente, controlar mis pensamientos (como nos enseñó Dios: llevar cautivos nuestros pensamientos a la obediencia en Cristo), medir mis palabras, hablar solo palabras de bendición, que edifiquen, no que destruyan. Aunque no he sido muy constante en mi meta de escritura, puedo dar fe, por lo poco que escribí y por mi diario de oración de que somos hoy el resultado de nuestros pensamientos, palabras y obras de ayer. Si definitivamente no me gusta lo que veo hoy, debo tomar la firme decisión de cambiar mis esquemas de pensamiento, mis expectativas de tiempo, y mi relación con el Creador.

Así que a mis lectores, que en algún momento han de llegar, les insto a renovar su mente, a retarse a ser mejores cada día, no solo en el hacer y el tener; sino en el SER. Y a mi amado Padre Celestial le doy la Gloria, la honra y las gracias porque cumple los anhelos de mi corazón; porque aunque no entiendo sus tiempos ni sus respuestas; puedo decir confiadamente que sus planes para mí son de bien y no de mal. Espero ponerme al día con los acontecimientos de todo lo que no les he contado, cómo ha sido mi embarazo, cómo van las finanzas familiares ahora que viene un bebé en camino y que no estoy trabajando, cuáles son mis propósitos para este año y en fin, como va mi vida.

Espero leernos pronto. Saludos.

Días difíciles

Hoy escribo después de 5 meses de no hacerlo. Cinco meses en los que he estado trabajando fuera de casa. Quisiera decir que estoy feliz, que volver a emplearme ha sido maravilloso; pero no.

Extraño mis días en casa, recoger a mi hijo en el jardín, ir a jugar al parque, arruncharnos a ver muñequitos, leer cuentos, dormir juntos en la tarde; ayudarlo con sus tareas, sacar a pasear al perro; y aunque no lo crean, extraño mis jornadas de aseo en casa, preparar la cena, limpiar y ordenar mi hogar, en definitiva, extraño mi casa.

Estos han sido meses bastante difíciles para mí. Ha sido una bendición contar con un dinero extra en casa; pero en honor a la verdad, debo decir que no me está yendo muy bien en el trabajo. Me esfuerzo, de veras lo hago; pero mi jefe no está contenta con mi rendimiento ni con mis resultados. Me siento presionada a dar más de lo que quisiera en mi trabajo: más tiempo, más dedicación; lo que para mí se traduce en menos tiempo con mi familia, menos tiempo para mi casa, menos tiempo para mí. Me siento como corriendo una carrera en un laberinto, corro y corro, y nunca llego a la meta. Los días se me pasan volando. Me levanto a las 4 de la mañana y a las 9 de la noche ya no doy pie con bola, me siento física y mentalmente agotada. Hoy, es jueves y escribo desde mi casa. Estoy incapacitada, he tenido problemas estomacales por 3 semanas; creo que mi cuerpo está empezando a hablarme.

Entiendo que el Señor moldea nuestro carácter con las situaciones que vivimos a diario. Hoy lo veo todo gris, pero confío en que pronto veré todo colorido. Tal vez debo trabajar en mi tolerancia a la frustración, aprender a trabajar bajo presión, disciplinarme con el tiempo que dedico a cada actividad, comprometerme más con mi trabajo, orar por mi jefe, por mis compañeros de trabajo, por cada proyecto que tengo asignado. Siempre que atravieso una situación difícil, recuerdo algo que aprendí en la academia de la Iglesia a la que asisto: cuando estamos bajo presión, cuando alguien nos aprieta fuerte; que sale de nosotros?. Si estamos llenos del Espíritu Santo, debe salir amor, si lo que sale es otra cosa; debemos hacer un alto en el camino. Y aquí estoy, detenida por completo, porque de mí sale duda, temor, frustración, inseguridad, lágrimas, tristeza.

Padre celestial, clamo a ti por sabiduría para tomar la mejor decisión, sabiduría para ser productiva y eficiente en mi trabajo, para hallar gracia en los ojos de mi jefe. Sabiduría para equilibrar mis responsabilidades laborales y personales. Confío plenamente en que para los hijos de Dios, todas las cosas obran para bien y que los que esperan en Él tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.

Espero que mi próxima entrada sea pronto y que mis sentimientos sean más amables conmigo. Las saludo y bendigo a todas.

 

 

…¿Y para cuándo el hermanito?

Cada vez que me encuentro en algún tipo de  reunión familiar con personas a las que no veo hace bastante tiempo, la primera pregunta que me hacen es: ¿y para cuando el hermanito?. Nadie pegunta ¿cómo te ha ido con la maternidad? ¿Qué tal el jardín? Nada relacionado con tu hijo; sino todo sobre el que aún no existe. Uno no anda por ahí contándole a todo el mundo porque después de tres años largos sigues con un solo hijo. Se los contaré a ustedes.

Desde muy joven fui diagnosticada con ovarios poliquísticos y endometriosis. En su momento no supuso para mí una noticia terrible ya que estaba en la universidad y la maternidad era algo muy lejano, casi inexistente para mí. Nunca planifiqué y nunca tuve, ni tan siquiera, un retraso. Pasé por una cirugía en la que me extirparon varios quistes y cauterizaron los focos endometriosos para aliviar los síntomas menstruales que cada mes eran más fuertes. Después de mi cirugía el ginecólogo me dijo que iba a ser difícil embarazarme de forma natural, que el día que lo quisiera, probablemente, debía ser de forma asistida. En fin, la maternidad murió para mi ese día sin haber nacido.

Años después me casé. Nunca en mi vida he planificado y haciéndonos a la idea de que no seríamos padres; adoptamos un hermoso y enorme perro. Sin embargo, y como un regalo divino, seis años después de haber empezado una relación sentimental con quien es ahora mi esposo, quedé embarazada! Fue una enorme sorpresa, con decirles que con 15 días de retraso yo seguía esperando mi periodo, no pensaba que estuviera embarazada.

Dado mi historial clínico, mi embarazo fue catalogado como de alto riesgo, durante el embarazo pasé por los médicos de todas las especialidades; mi plan del día era ir a citas y controles médicos; pero como bien dice Proverbios 10:22 La bendición del Señor enriquece y no añade tristeza con ella.  El ser que crecía en mi vientre era una bendición de Dios. Y así, contra todo pronóstico quedé embarazada de forma natural, tuve nueve meses de un embarazo sin mayores contratiempos fuera de las molestias habituales y el 18 de Agosto del 2014 di a luz a un sano y hermoso niño.

Al igual que en el pasado, no planifico y hasta ahora, no he quedado embarazada. Indiscutiblemente nos encantaría ser padres por segunda vez; pero para algunas personas, como nosotros, no es tan sencillo. Por lo que afirmaciones como: – no está bien que dejes solo a tu hijo, debes darle un hermanito,  – es muy egoísta quedarse con un solo hijo, – ¿has pensado que va a ser de tu hijo sin hermanos cuando ustedes falten? – estás dejando pasar mucho tiempo para tu segundo hijo… son frases que resultan bastante dolorosas.

Supongo que la intención de las personas no es la de herir mis sentimientos, sin embargo, son temas muy personales que debemos aprender a manejar con más cautela. Cada pareja tiene sus motivos para tener uno, dos, tres o la cantidad de hijos que quieran y que puedan o para no tenerlos. No es fácil andar contando toda esta historia a cuanta persona pregunta por mi próximo embarazo como si fuera un tema obligado.

Así que aquí estoy, madre de un solo hijo y de un perro. Hermosa y completa familia. ¿Que quisiera otro hijo? Claro que sí! Les confieso que cuando veo madres con hijos más o menos de la edad del mío y llevan en sus brazos otro bebé o tienen a uno gestándose en su vientre, siento un dejo de tristeza, me encantaría en este momento de mi vida tener a mi hijo hermosamente corriendo, un hermanito jugando con él y otro en mi panza. Pero ya ven, tengo uno solo y me siento feliz y bendecida por ese, hasta ahora, único hijo.

A ustedes, maidenes hermosamente, les hacen las mismas preguntas? ¿Cómo lo afrontan? ¿Hay acaso una cantidad de hijos ideal? ¿Una edad ideal para tenerlos? ¿Por qué nos empeñamos en ver lo que en teoría “falta” y no nos interesamos en lo que “hay”? Me gustaría que me preguntaran sobre los retos de cada etapa de mi hijo, que se yo, sobre sus logros, sus gustos, mis retos, lo que vivo en mi día a día.

En fin, espero leernos pronto.

 

Temas pendientes Parte 2: Alimentación y bajo peso

El otro tema que tenía pendiente era el del peso de mi hijo. Hoy por hoy mi hijo tiene 3 años y un par de meses. Según las tablas de crecimiento y desarrollo de la OMS, mi niño sigue estando bajo de peso; está 1 kilo y medio por debajo de su peso ideal. En este tema quiero expresarles que me sentí agobiada por mucho tiempo. Sin embargo; hace poco, un médico lo vio y al verme a mí me dijo que no me reocupara, que yo también era bastante menuda. Y es verdad. Toda mi vida he estado por debajo de mi peso ideal, soy bajita y bastante delgada; así que es muy probable que mi hijo también lo sea y que su bajo peso se deba a la genética y no a mala alimentación. Me encargo de que mi hijo coma todos los alimentos de la pirámide nutricional en las cantidades necesarias y procuro prepararle cosas que le apetecen. Come 5 veces al día (aproximadamente): Desayuno, medias nueve, almuerzo, onces y cena. Todos en la familia comemos el mismo menú, no hago preparaciones diferentes. Procuro que todos comamos al menos una vez a la semana carne, pollo, cerdo, pescado, pasta y legumbres como el frijol, las lentejas y los garbanzos. También consumimos a diario verduras crudas en ensalada como la lechuga, tomate, aguacate, zanahoria, etc ó cocinada como las habichuelas, calabacín, pimentón, etc. Aquí confieso mis queridas amigas y maidenes hermosamente, que no hay poder humano que haga a mi hijo comer ensalada, a duras penas come verdura cuando se la mezclo con la proteína del día. A diario consumimos arroz,  que es el acompañamiento principal de nuestras comidas, y pan que por lo regular acompaña nuestros desayunos. También procuro incluir en el desayuno una fruta y un  lácteo, que para mi niño es por lo general un yogurt o chocolate. Consumimos huevo y queso en el desayuno de algunos días de la semana. Y para las comidas pequeñas de media mañana y media tarde, usualmente le doy al niño una bebida láctea como la avena o el yogurt con un pastelillo o galletas y alguna fruta. En las tardes lo dejo comer algún paquete con jugo y algo de dulce. Como ven; y como me lo hizo ver el médico, mi niño come bien, de todo un poco; sin excesos ni defectos. Así que me siento tranquila de que su bajo peso no es por mala alimentación. Es la contextura del niño y como me lo explicó un médico hace un tiempo, es muy difícil hacer ganar peso a un niño de su edad que  se encuentra en pleno crecimiento y que gasta tanta energía. Por lo demás, es un niño muy saludable.

Cada etapa del desarrollo de mi hijo se convierte en un reto para mí: dejar la teta, dejar el tetero, dejar el pañal, comer saludable, dormir solo en su habitación, hacer los deberes del jardín en las tardes; es un continuo aprendizaje, no solo para él, sino también para mí. Y en este proceso he aprendido a tomármelo con calma, a no estresarme, a no llorar tanto, a no frustrarme. En ocasiones esto no resulta tan fácil, pero como dice el Señor: Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.  Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Gracias a mis futuras lectoras y maidenes hermosamente. Espero leernos pronto.

Temas pendientes – Parte 1: Dejar el pañal

Hoy quiero saludar a mis futuras lectoras y maidenes hermosamente. Estuve releyendo mis anteriores post y creo que tengo un par de temas pendientes que debo tratar. Lo haré en dos entradas diferentes para no aburrirlas con tanto cuento.

La primera parte es la relacionada con la dejada de pañal de mi hijo hermosamente. Debo reconocer que esto ocurrió hace ya algún tiempo. Hoy por hoy, ¡los pañales son cosa del pasado!

Como les decía, seguí las indicaciones de las profesoras del Jardín infantil al que asiste mi niño, lo llevaba cada dos o tres horas al baño y celebraba cada chichi o popó que hacía en el sanitario. Le dejamos el pañal durante las noches; sin embargo, siempre amanecía seco, así que decidimos no ponerle más el pañal ni siquiera para dormir. Las primeras dos o tres semanas fueron laaaaargas… hubo ocasiones en las que tenía muchas ganas de hacer chichi pero no quería sentarse ni en el sanitario, ni en el vaso, ni quería el pañal  y yo me angustiaba mucho y lloraba tieso y parejo con él de saber que necesitaba orinar y de no poderle brindar lo que necesitaba o lo que quería; así las cosas, terminaba orinándose de pie al lado del sanitario mientras hacía la pataleta. También tuvimos varios episodios en los que no hacía chichí al sentarlo en la tasa, pero diez minutos después, se orinaba jugando o comiendo; yo le ponía cara de seria y le decía que estaba mal, que debía avisarle a mamá cuando necesitara ir al baño. Poco a poco lo fue entendiendo y me atrevo a decir que dejamos el pañal sin mayores inconvenientes.

La parte que requirió de mayor esfuerzo fueron las idas la baño fuera de casa ya que mi hijo le cogió miedo a los baños púbicos porque en una ocasión lo tenía sentado en el sanitario y éste se soltó de forma automática lo que lo asustó mucho; además ya no quería usar el pañal, así que se imaginarán lo que era salir de compras, hacer el mercado, o salir a pasear. Por un buen tiempo, tuve que cargar un par de pañales en mi bolso, así al llevarlo a que hiciera chichi le pedía que abriera un poco las piernitas y que orinara sobre el pañal que yo ponía en mis manos (recogía la chichí en el pañal sin ponérselo). Ya cuando estuvo más grandecito le empecé a explicar que en casa debíamos accionar manualmente el sanitario para soltarlo, pero que en los baños públicos, esto era automático; así le fue perdiendo el miedo y ya hoy entra tranquilamente a los baños públicos. Eventualmente tenemos alguna “fuga” pero suele ocurrir cuando está muy entretenido jugando y no quiere dejar su juego para ir al baño. Por lo demás, este es un reto superado.

A las maidenes hermosamente que en algún momento me lean y que se sientan agobiadas con esto, les digo: “tranquilas”. Cada niño tiene su proceso y como madres es nuestro deber apoyar sin forzar cada etapa de nuestros hijos; algunos dejarán el pañal más rápido que otros, para unos será más fácil que para otros; pero cualquiera que sea el caso; lo haremos con mucho amor y con mucha paciencia. No  nos agobiemos porque otras personas nos digan que ya es hora, que ya está muy grande para usar pañal o que se lo estas quitando muy pronto. Todos siempre tienen una opinión. Siéntete tranquila y disfruta cada etapa del crecimiento de tus hijos por más retadora que sea. De la mano del Señor, llegaremos a buen puerto.

Espero leernos pronto.

Fiel en lo poco

He vuelto!. Pensé que no lograría sentarme frente a mi computador a escribir. Estos últimos días he descubierto que pierdo mucho tiempo en mí día a día. Creo que en mi primera entrada quería contarles cómo era un día rutinario en mi vida y esperaba que me contaran cómo era el suyo porque la verdad, estaba más perdida que embolatada con las labores de la casa. A pesar de llevar casi ocho años de feliz matrimonio y de llevar todo ese tiempo a cargo de mi casa, no había logrado encontrar la forma de mantener al día las tareas del hogar. En mis primeros años de matrimonio mi casa era una tasita de té, simplemente perfecta. Después empecé a trabajar y las cosas ya no lucían tan limpias y ordenadas como antes, se empezaron a apilar montañas de ropa para lavar, para planchar, para doblar y guardar; el polvo se acomodó en las superficies de mis muebles y los trastes de la cocina parecían multiplicarse. Todas estas tareas debían esperar al fin de semana. Luego, llegó Manolo, nuestra mascota, un hermoso Golden Retriever, que bota pelo como jamás me habría imaginado. Más tarde, llegó nuestro hijo y ahora sí la casa patas arriba.

Cuando solo éramos mi esposo y yo, yo me juraba la mejor ama de casa; cómo no serlo, no había nadie que hiciera desorden. Me definía a mí misma como una mujer amante del orden y la limpieza. Luego, un día, de hecho hace muy poco, tuve una gran revelación: mi esposo me dijo: “tú no eres ordenada, a tí te gusta hacer oficio que es diferente”. Me cayó como un baldado de agua fría. Me ofendí, lloré, lo negué; hasta que finalmente mis ojos se abrieron a la verdad y empecé a ver mi desorden, no solo el de los demás (esposo, hijo, perro, visitas). Pude ver, que podía pasar una mañana completa limpiando y ordenando mi cocina y después de la cena, todo volvía a quedar en completo desorden, lo mismo ocurría al bañarme; lavaba mi baño y justo después de bañarme, todo quedaba afuera: la toalla que usaba, el cepillo del pelo, la crema corporal, la crema para peinar y ni hablar si tenía una crisis de vestuario (no saber que ponerme) todas las opciones que me medía quedaban fuera del closet… Mi esposo tenía razón, yo era desordenada.

Aceptar ese rasgo de mi personalidad que para mi era realmente inexistente, me llevó a emprender una búsqueda en internet de personas ordenadas en casa, sus rutinas, sus tips, concejos y demás; y la verdad es que me han dejado con la boca abierta. Son mujeres maravillosas. Algunas hasta con dos y tres hijos; casas mucho más grandes y desafiantes que la mía; jardines que cuidar y claramente, blogs que alimentar con videos, fotografías y aún tienen tiempo para responder a los comentarios de sus seguidoras. Realmente estas mujeres me han motivado a tomarme en serio mi papel de mamá ama de casa, sin tantas disculpas y sin tantos peros. Sumado a esto, el Señor me ha enseñado que debo ser fiel en lo poco. ¿Fiel en lo poco?

Sí mis maidenes hermosamente, fiel en lo poco. He meditado mucho en ese versículo y descubrí que para alcanzar mayores cosas, debo primero saber administrar lo que ya tengo. Y esto se refiere a todo: a mi familia, mis finanzas, mi hogar; todo. A veces vamos cojeando en algún área y aun así pedimos más cosas a Dios. En ocasiones me descubro pidiéndole al Señor otro hijo y en honor a la verdad, a veces siento que no le entrego a mi hijo hermosamente el 100% de mí; u oro al Padre por una casa propia grande con  esto y con aquello, pero no logro tener en orden el pequeño apartamento en el que vivo. Fiel en lo poco.

He tenido la oportunidad que muchas mujeres no tienen, quedarme en casa a cuidar de mi familia; así que debo hacerlo bien; es una labor que requiere de todo mi tiempo, todo mi esfuerzo, toda mi dedicación. Es tiempo de mejorar, de aceptar mis faltas y errores y decidir cambiar. Es tiempo de aprender a servir a mi familia, de levantarme varias veces en la noche a consolar a mi hijo sin renegar por ello; de atender a mi esposo y hacer cosas por él sin sentirme menos por ello. Es tiempo de dejar atrás el egoísmo, no ver tanto las fallas de los demás, sino más bien, amarlos y aceptarlos como son y aprender a ver mis faltas y de la mano de Dios, cambiarlas.

El día sigue teniendo las mismas 24 horas, pero hoy decido hacer más productivas mis horas y hacer un uso más consiente y responsable de mi tiempo. . ¿Qué hacemos con lo que el Señor nos entrega?

Para quien esté interesada en el versículo en el que he estado meditando, lo encuentran en Mateo 25:21 Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.

Espero leernos pronto.

Milagros inesperados

Bueno, heme aquí de nuevo. Casi un año después de mi última entrada. Debo confesar que me alejé de las palabras escitas por dos razones. La primera, porque nadie, a parte de mi esposo hermosamente y mi maidenes hermosamente, me lee y segundo porque estos han sido días y meses de muchos cambios en mi vida.

Leí mi última entrada y pude recordar los momentos de angustia que pasamos con mi esposo por la escasez del dinero en nuestro hogar. Pude recordar las interminables horas que pasé buscando una oportunidad laboral para apoyar a mi esposo con nuestros gastos sin obtener los resultados esperados. Así que al no encontrar la solución que yo esperaba (un empleo); recurrí a una acción casi instintiva: buscar a Dios. No sé si a ustedes les pasa, pero a mí sí. Durante toda mi vida acudí siempre a Dios para pedir cosas…esa había sido mi relación con Él por muchos años: pedir, pedir y pedir. Entonces en medio de mi desesperación, le pedí a Dios un trabajo, un ascenso para mi esposo, el pago de nuestras deudas, incluso le hice una lista con lo que necesitaba para llenar mi alacena y alimentar a mi familia. Fueron tiempos difíciles. Pero Dios es fiel, es misericordioso, es bondadoso.  Contra todo pronóstico, mi esposo llegó una noche a casa con la gran noticia: había recibido un ascenso que le significaba casi el doble de su sueldo en ese momento. Para ser honesta, uno tiende a pensar que Dios no interfirió en esto, que era un ascenso que ya estaba pensado para mi esposo, que se lo merecía por su buen desempeño, en fin por mil razones. Sin embargo, hoy se, que fue la respuesta a mi oración. Pueden llamarlo casualidad, yo lo llamo “Diosidad”.

Y así como esa “Diosidad”, tengo muchas más que quiero compartir con ustedes. Me siento con la obligación espiritual de contarles mi experiencia porque todos pasamos por momentos difíciles en nuestras vidas y a veces no logramos ver la luz al final del túnel. Mi túnel se puso largo, oscuro y frío. Pero siempre hay una solución. Siempre hay una respuesta a nuestras oraciones.

Durante estos últimos meses, y a raíz de la crisis económica que sufrimos, mi esposo y yo nos hemos acercado más a Dios. Lamentablemente, muchos llegamos a los pies del Señor cuando Él es nuestra última opción, cuando ya todos nuestros planes fracasaron, cuando ya no hay nada más que podamos hacer. No fuimos la excepción a la regla. Lo buscamos cuando los bancos tocaron a nuestra puerta, cuando nos reportaron en las centrales de riesgo crediticio, cuando no teníamos ni para mercar. Muchos dirán: pero porqué tan mal si aún uno de los dos tenía empleo. Si Señoras y Señores, mi esposo trabajaba largas jornadas y aun así, el dinero no alcanzaba, habíamos tomado malas decisiones, nos habíamos endeudado hasta los dientes. Por eso, no nos alcanzaba.

Han sido meses de oraciones respondidas en los que hemos podido experimentar la misecordia del Señor. He estado ocupada hablando con Dios, tratando de escucharlo, aprendiendo a conocerlo y obviamente, ocupada con mi labor de maidenes hermosamente y ama de casa 24/7. Ya mi hijo hermosamente tiene 2 años y 9 meses, el tiempo ha pasado realmente rápido. Atrás quedaron los pañales, los teteros, el corral, el coche, la pucheca. Ya me habla con su hermosa voz, me cuenta cómo ve y experimenta el mundo. Todo lo pregunta, todo lo sorprende. Va al Jardín infantil y cada día me impresionan sus avances, su destreza. Cada nuevo logro suyo, es a su vez, un logro mío, porque con cada etapa de su crecimiento, he superado miedos, he llorado, pero también he reído. He aprendido a abrazar mi maternidad con amor y no con temor. Estos han sido meses de milagros inesperados.

Alguna maidenes hemosamente por ahí a la que se le haya complicado la vida por razones económicas, familiares, laborales, de salud? Les dejo el teléfono de nuestro Padre eterno: Jeremías 33:3 Clama a mí, y yo te responderé; te daré a conocer cosas grandes y maravillosas que tu no conoces. RVC

Espero leernos pronto.

Ser o No Ser

Ser una maidenes hermosamente dedicada 24/7 al cuidado de mi hijo ha resultado ser una tarea más difícil de los imaginé. No tanto por las actividades propias de una mamá y ama de casa; sino porque la economía familiar empieza a tambalear.

Tengo un esposo maravilloso que trabaja de sol a sombra por nosotros y para nosotros. Sin embargo, y a pesar de tantas horas de trabajo, el dinero parece no alcanzar. Desde que soy madre, mis prioridades cambiaron drásticamente y pasé de querer ser una gran ejecutiva a ser mamá de tiempo completo y gracias a los esfuerzos de mi esposo he podido hacerlo.

Hoy mis ánimos están bajos y la situación económica familiar me presiona a buscar trabajo remunerado fuera de casa. Debo decir que me siento en una encrucijada, me encanta estar en casa con mi hijo, verlo crecer, salir al parque, jugar con él; pero cuando las cuentas llegan y veo la dificultad para pagarlas me siento culpable por estar en casa, siento que es un  lujo que no me puedo dar.

Mi esposo no me pide que regrese a trabajar para ayudarlo con los gastos de la casa. Me apoya sin importar cuál sea mi decisión; sin embargo, cuando me ve alterada o agobiada tras un día largo de berrinches, pataletas, orinadas, vomitadas y demás; me sugiere que regrese al trabajo para despejarme, para salir de casa, ver gente adulta. Quizás tenga razón; la casa absorbe, agobia. Me encanta participar activamente en el crecimiento y desarrollo de mi hijo, me gusta mantener mi casa en orden, la ropa al día, preparar comidas saludables para mi familia, pero al final del día me doy cuenta que no he logrado hacer ni la mitad de mi lista de pendientes y al verme al espejo no logro reconocerme. La mujer siempre maquillada, peinada, de uñas pintadas y tacones parece haber desaparecido y de repente la ha reemplazado una mujer extraña de cara lavada, pelo recogido, manos ásperas a causa del jabón de la cocina y zapatos deportivos. Atrás quedaron los días en que me sentía atractiva.

Siento mi corazón partido en dos, es una elección que me duele. Volver a trabajar puede aliviar un poco nuestro flujo de caja y si, tal vez me ayude a disiparme, a verme de nuevo bonita, a sentirme una mujer interesante. Pero dejar a mi hijo en una jornada completa en el Jardín, al cuidado de personas que no son su familia me entristece mucho. Claramente no seré la primera ni la última maidenes hermosamente que deba salir a trabajar. Espero poder conseguir un empleo que me permita pasar tiempo con mi hijo y mi esposo o que encontremos la forma de solventar nuestros gastos sin que yo deba alejarme de casa por mucho tiempo. ¡NO SE QUE HACER!

A ustedes, Maidenes hermosamente, como les va con esto? Trabajan fuera de casa? Se quedan en casa al cuidado de sus hijos?

 

Espero leernos pronto.

De gripe en gripe

Bueno, llevo un par de semanas ausente de todo. Mi pequeño hijo hermosamente ha estado un poco enfermito pero por fin vamos saliendo y ahuyentando la gripe. Desde que entró al Jardín infantil no hay mes que pasemos de agache con la gripe. Las dos últimas han sido las más fuertes. En Abril nos enfrentamos a un Rotavirus que “rotó”, literalmente, por todos los  miembros de la casa, incluidas las personas que al vernos tan mal vinieron a ayudarnos. Vómitos, daño de estómago y falta de apetito; dos semanas en las que mi amado hijo perdió cerca de 1 Kilo 300 gramos. Inicialmente, pensé que se trabaja de una indigestión, pero al ver que los vómitos y la diarrea no cesaban, mi esposo y yo nos llevamos al niño a urgencias por nuestra EPS. Aquí debo decir con mucha tristeza, que el servicio es pésimo. Esperé con mi pequeño durante tres largas horas sentada en el piso con él en mis brazos, rodeada de cerca de 70 mamás con sus respectivos hijos, casi todos en las mismas condiciones que mi pequeño, mientras mi esposo esperaba fuera (Solo dejan ingresar a un acompañante por niño). Finalmente, y al ver que no nos atendían, decidimos que no podíamos permanecer más en ese lugar exponiendo a nuestro hijo a algún virus más fuerte del que ya tenía y lo llevamos de regreso a casa donde llamamos a nuestro servicio médico domiciliario. Básicamente nos dijeron que al niño no lo atenderían en urgencias a menos que no esté tolerando vía oral, es decir, que vomite todo lo que se le da y que se encentre totalmente deshidratado. ¿De veras debemos esperar esas instancias? Las indicaciones fueron: hidratar después de cada vomito o deposición con abundante suero oral, una dieta astringente basada en jugos de manzana, pera y guayaba; caldos de pollo, papa y plátano y evitar lácteos, dulces y grasas. Fueron días y noches largos y difíciles, cada día veía a mi hijo hermosamente más delgado y decaído. No le recetaron medicamentos porque se trataba de un virus, debíamos ser pacientes y esperar que el virus saliera de su cuerpo.

Cuando finalmente el Rotavirus se aburrió de nosotros, me encontré con que mi hijo estaba muy delgado y me asusté mucho así que me armé de amor de madre hermosamente y planeé para él una alimentación muy especial para ayudarlo a recuperar su peso. Luego les contaré de qué trata.  Pasadas unas cuantas semanas y en pleno proceso de recuperación, tuvo una gripe que con el paso de los días se convirtió en bronquitis: sencillamente ya no lo podía creer. Nuevamente retrocedimos con el peso ganado y nos enfrentamos a inhaladores, vaporizadores, nebulizaciones y demás. En esta ocasión, cuando sentí que su respiración era diferente y que la tos era bastante persistente, llamé inmediatamente a nuestro servicio médico domiciliario, (no me atreví a llevarlo a la EPS), las indicaciones fueron: mucho reposo en casa, evitar corrientes de aire, cambios fuertes de temperatura y respetar los horarios de los medicamentos.

Como pueden ver, han sido semanas agotadoras no solo física, sino, emocionalmente. Es muy frustrante ver a tu pequeño hijo enfermo, con malestares y no poder hacer mucho por él, más que seguir las indicaciones médicas y proveerlo de todo el amor posible. Doy gracias a Dios porque en ambos casos, mi pequeño salió bien librado y no pasó a mayores y porque contamos con un servicio médico que es relativamente bueno, al menos para atención en casa. Me siento impotente por las madres de otros pequeños que solo pueden acudir a sus EPS´s para llevar a sus hijos. El servicio es realmente nefasto. Tienes que llegar muriéndote para que te atiendan, no hay derecho. Niños con fiebre, vomitando en el lugar, dormidos en las sillas de espera. Es realmente un trato inhumano. El acceso a los servicios médicos es un derecho y en mi país parece más bien que nos hacen un favor al atendernos. Oro por todos los niños, niñas, mujeres, hombres, ancianos que este momento están necesitando ser atendidos en un centro de salud.

Ya hoy, mi pequeño regresó a su Jardín y ha recuperado 1 Kilo de peso, aún nos falta camino para llegar a su peso ideal. Con decirles, que debo ponerle colgaderas a sus pantalones para que no se le escurran.

Mi hijo hermosamente es de contextura delgada y en sus últimos dos controles médicos de crecimiento y desarrollo, se ha ubicado por debajo de su peso y talla ideal. Esto es algo que me tiene bastante preocupada y en lo que he estado trabajando mucho por lo que este par de episodios en la salud del niño han sido un retroceso en lo ganado. Aún debe subir 2 Kilos; y por lo que me dice el pediatra, a su edad, es muy difícil hacerlos subir de peso. Sin embargo, yo estoy segura de que con constancia, amor, dedicación y sobre todo con una buena alimentación, pronto les estaré contando que hemos alcanzado el peso ideal.

Espero leernos y escribirnos pronto.