Temas pendientes Parte 2: Alimentación y bajo peso

El otro tema que tenía pendiente era el del peso de mi hijo. Hoy por hoy mi hijo tiene 3 años y un par de meses. Según las tablas de crecimiento y desarrollo de la OMS, mi niño sigue estando bajo de peso; está 1 kilo y medio por debajo de su peso ideal. En este tema quiero expresarles que me sentí agobiada por mucho tiempo. Sin embargo; hace poco, un médico lo vio y al verme a mí me dijo que no me reocupara, que yo también era bastante menuda. Y es verdad. Toda mi vida he estado por debajo de mi peso ideal, soy bajita y bastante delgada; así que es muy probable que mi hijo también lo sea y que su bajo peso se deba a la genética y no a mala alimentación. Me encargo de que mi hijo coma todos los alimentos de la pirámide nutricional en las cantidades necesarias y procuro prepararle cosas que le apetecen. Come 5 veces al día (aproximadamente): Desayuno, medias nueve, almuerzo, onces y cena. Todos en la familia comemos el mismo menú, no hago preparaciones diferentes. Procuro que todos comamos al menos una vez a la semana carne, pollo, cerdo, pescado, pasta y legumbres como el frijol, las lentejas y los garbanzos. También consumimos a diario verduras crudas en ensalada como la lechuga, tomate, aguacate, zanahoria, etc ó cocinada como las habichuelas, calabacín, pimentón, etc. Aquí confieso mis queridas amigas y maidenes hermosamente, que no hay poder humano que haga a mi hijo comer ensalada, a duras penas come verdura cuando se la mezclo con la proteína del día. A diario consumimos arroz,  que es el acompañamiento principal de nuestras comidas, y pan que por lo regular acompaña nuestros desayunos. También procuro incluir en el desayuno una fruta y un  lácteo, que para mi niño es por lo general un yogurt o chocolate. Consumimos huevo y queso en el desayuno de algunos días de la semana. Y para las comidas pequeñas de media mañana y media tarde, usualmente le doy al niño una bebida láctea como la avena o el yogurt con un pastelillo o galletas y alguna fruta. En las tardes lo dejo comer algún paquete con jugo y algo de dulce. Como ven; y como me lo hizo ver el médico, mi niño come bien, de todo un poco; sin excesos ni defectos. Así que me siento tranquila de que su bajo peso no es por mala alimentación. Es la contextura del niño y como me lo explicó un médico hace un tiempo, es muy difícil hacer ganar peso a un niño de su edad que  se encuentra en pleno crecimiento y que gasta tanta energía. Por lo demás, es un niño muy saludable.

Cada etapa del desarrollo de mi hijo se convierte en un reto para mí: dejar la teta, dejar el tetero, dejar el pañal, comer saludable, dormir solo en su habitación, hacer los deberes del jardín en las tardes; es un continuo aprendizaje, no solo para él, sino también para mí. Y en este proceso he aprendido a tomármelo con calma, a no estresarme, a no llorar tanto, a no frustrarme. En ocasiones esto no resulta tan fácil, pero como dice el Señor: Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.  Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Gracias a mis futuras lectoras y maidenes hermosamente. Espero leernos pronto.

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Temas pendientes – Parte 1: Dejar el pañal

Hoy quiero saludar a mis futuras lectoras y maidenes hermosamente. Estuve releyendo mis anteriores post y creo que tengo un par de temas pendientes que debo tratar. Lo haré en dos entradas diferentes para no aburrirlas con tanto cuento.

La primera parte es la relacionada con la dejada de pañal de mi hijo hermosamente. Debo reconocer que esto ocurrió hace ya algún tiempo. Hoy por hoy, ¡los pañales son cosa del pasado!

Como les decía, seguí las indicaciones de las profesoras del Jardín infantil al que asiste mi niño, lo llevaba cada dos o tres horas al baño y celebraba cada chichi o popó que hacía en el sanitario. Le dejamos el pañal durante las noches; sin embargo, siempre amanecía seco, así que decidimos no ponerle más el pañal ni siquiera para dormir. Las primeras dos o tres semanas fueron laaaaargas… hubo ocasiones en las que tenía muchas ganas de hacer chichi pero no quería sentarse ni en el sanitario, ni en el vaso, ni quería el pañal  y yo me angustiaba mucho y lloraba tieso y parejo con él de saber que necesitaba orinar y de no poderle brindar lo que necesitaba o lo que quería; así las cosas, terminaba orinándose de pie al lado del sanitario mientras hacía la pataleta. También tuvimos varios episodios en los que no hacía chichí al sentarlo en la tasa, pero diez minutos después, se orinaba jugando o comiendo; yo le ponía cara de seria y le decía que estaba mal, que debía avisarle a mamá cuando necesitara ir al baño. Poco a poco lo fue entendiendo y me atrevo a decir que dejamos el pañal sin mayores inconvenientes.

La parte que requirió de mayor esfuerzo fueron las idas la baño fuera de casa ya que mi hijo le cogió miedo a los baños púbicos porque en una ocasión lo tenía sentado en el sanitario y éste se soltó de forma automática lo que lo asustó mucho; además ya no quería usar el pañal, así que se imaginarán lo que era salir de compras, hacer el mercado, o salir a pasear. Por un buen tiempo, tuve que cargar un par de pañales en mi bolso, así al llevarlo a que hiciera chichi le pedía que abriera un poco las piernitas y que orinara sobre el pañal que yo ponía en mis manos (recogía la chichí en el pañal sin ponérselo). Ya cuando estuvo más grandecito le empecé a explicar que en casa debíamos accionar manualmente el sanitario para soltarlo, pero que en los baños públicos, esto era automático; así le fue perdiendo el miedo y ya hoy entra tranquilamente a los baños públicos. Eventualmente tenemos alguna “fuga” pero suele ocurrir cuando está muy entretenido jugando y no quiere dejar su juego para ir al baño. Por lo demás, este es un reto superado.

A las maidenes hermosamente que en algún momento me lean y que se sientan agobiadas con esto, les digo: “tranquilas”. Cada niño tiene su proceso y como madres es nuestro deber apoyar sin forzar cada etapa de nuestros hijos; algunos dejarán el pañal más rápido que otros, para unos será más fácil que para otros; pero cualquiera que sea el caso; lo haremos con mucho amor y con mucha paciencia. No  nos agobiemos porque otras personas nos digan que ya es hora, que ya está muy grande para usar pañal o que se lo estas quitando muy pronto. Todos siempre tienen una opinión. Siéntete tranquila y disfruta cada etapa del crecimiento de tus hijos por más retadora que sea. De la mano del Señor, llegaremos a buen puerto.

Espero leernos pronto.

Fiel en lo poco

He vuelto!. Pensé que no lograría sentarme frente a mi computador a escribir. Estos últimos días he descubierto que pierdo mucho tiempo en mí día a día. Creo que en mi primera entrada quería contarles cómo era un día rutinario en mi vida y esperaba que me contaran cómo era el suyo porque la verdad, estaba más perdida que embolatada con las labores de la casa. A pesar de llevar casi ocho años de feliz matrimonio y de llevar todo ese tiempo a cargo de mi casa, no había logrado encontrar la forma de mantener al día las tareas del hogar. En mis primeros años de matrimonio mi casa era una tasita de té, simplemente perfecta. Después empecé a trabajar y las cosas ya no lucían tan limpias y ordenadas como antes, se empezaron a apilar montañas de ropa para lavar, para planchar, para doblar y guardar; el polvo se acomodó en las superficies de mis muebles y los trastes de la cocina parecían multiplicarse. Todas estas tareas debían esperar al fin de semana. Luego, llegó Manolo, nuestra mascota, un hermoso Golden Retriever, que bota pelo como jamás me habría imaginado. Más tarde, llegó nuestro hijo y ahora sí la casa patas arriba.

Cuando solo éramos mi esposo y yo, yo me juraba la mejor ama de casa; cómo no serlo, no había nadie que hiciera desorden. Me definía a mí misma como una mujer amante del orden y la limpieza. Luego, un día, de hecho hace muy poco, tuve una gran revelación: mi esposo me dijo: “tú no eres ordenada, a tí te gusta hacer oficio que es diferente”. Me cayó como un baldado de agua fría. Me ofendí, lloré, lo negué; hasta que finalmente mis ojos se abrieron a la verdad y empecé a ver mi desorden, no solo el de los demás (esposo, hijo, perro, visitas). Pude ver, que podía pasar una mañana completa limpiando y ordenando mi cocina y después de la cena, todo volvía a quedar en completo desorden, lo mismo ocurría al bañarme; lavaba mi baño y justo después de bañarme, todo quedaba afuera: la toalla que usaba, el cepillo del pelo, la crema corporal, la crema para peinar y ni hablar si tenía una crisis de vestuario (no saber que ponerme) todas las opciones que me medía quedaban fuera del closet… Mi esposo tenía razón, yo era desordenada.

Aceptar ese rasgo de mi personalidad que para mi era realmente inexistente, me llevó a emprender una búsqueda en internet de personas ordenadas en casa, sus rutinas, sus tips, concejos y demás; y la verdad es que me han dejado con la boca abierta. Son mujeres maravillosas. Algunas hasta con dos y tres hijos; casas mucho más grandes y desafiantes que la mía; jardines que cuidar y claramente, blogs que alimentar con videos, fotografías y aún tienen tiempo para responder a los comentarios de sus seguidoras. Realmente estas mujeres me han motivado a tomarme en serio mi papel de mamá ama de casa, sin tantas disculpas y sin tantos peros. Sumado a esto, el Señor me ha enseñado que debo ser fiel en lo poco. ¿Fiel en lo poco?

Sí mis maidenes hermosamente, fiel en lo poco. He meditado mucho en ese versículo y descubrí que para alcanzar mayores cosas, debo primero saber administrar lo que ya tengo. Y esto se refiere a todo: a mi familia, mis finanzas, mi hogar; todo. A veces vamos cojeando en algún área y aun así pedimos más cosas a Dios. En ocasiones me descubro pidiéndole al Señor otro hijo y en honor a la verdad, a veces siento que no le entrego a mi hijo hermosamente el 100% de mí; u oro al Padre por una casa propia grande con  esto y con aquello, pero no logro tener en orden el pequeño apartamento en el que vivo. Fiel en lo poco.

He tenido la oportunidad que muchas mujeres no tienen, quedarme en casa a cuidar de mi familia; así que debo hacerlo bien; es una labor que requiere de todo mi tiempo, todo mi esfuerzo, toda mi dedicación. Es tiempo de mejorar, de aceptar mis faltas y errores y decidir cambiar. Es tiempo de aprender a servir a mi familia, de levantarme varias veces en la noche a consolar a mi hijo sin renegar por ello; de atender a mi esposo y hacer cosas por él sin sentirme menos por ello. Es tiempo de dejar atrás el egoísmo, no ver tanto las fallas de los demás, sino más bien, amarlos y aceptarlos como son y aprender a ver mis faltas y de la mano de Dios, cambiarlas.

El día sigue teniendo las mismas 24 horas, pero hoy decido hacer más productivas mis horas y hacer un uso más consiente y responsable de mi tiempo. . ¿Qué hacemos con lo que el Señor nos entrega?

Para quien esté interesada en el versículo en el que he estado meditando, lo encuentran en Mateo 25:21 Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.

Espero leernos pronto.

Milagros inesperados

Bueno, heme aquí de nuevo. Casi un año después de mi última entrada. Debo confesar que me alejé de las palabras escitas por dos razones. La primera, porque nadie, a parte de mi esposo hermosamente y mi maidenes hermosamente, me lee y segundo porque estos han sido días y meses de muchos cambios en mi vida.

Leí mi última entrada y pude recordar los momentos de angustia que pasamos con mi esposo por la escasez del dinero en nuestro hogar. Pude recordar las interminables horas que pasé buscando una oportunidad laboral para apoyar a mi esposo con nuestros gastos sin obtener los resultados esperados. Así que al no encontrar la solución que yo esperaba (un empleo); recurrí a una acción casi instintiva: buscar a Dios. No sé si a ustedes les pasa, pero a mí sí. Durante toda mi vida acudí siempre a Dios para pedir cosas…esa había sido mi relación con Él por muchos años: pedir, pedir y pedir. Entonces en medio de mi desesperación, le pedí a Dios un trabajo, un ascenso para mi esposo, el pago de nuestras deudas, incluso le hice una lista con lo que necesitaba para llenar mi alacena y alimentar a mi familia. Fueron tiempos difíciles. Pero Dios es fiel, es misericordioso, es bondadoso.  Contra todo pronóstico, mi esposo llegó una noche a casa con la gran noticia: había recibido un ascenso que le significaba casi el doble de su sueldo en ese momento. Para ser honesta, uno tiende a pensar que Dios no interfirió en esto, que era un ascenso que ya estaba pensado para mi esposo, que se lo merecía por su buen desempeño, en fin por mil razones. Sin embargo, hoy se, que fue la respuesta a mi oración. Pueden llamarlo casualidad, yo lo llamo “Diosidad”.

Y así como esa “Diosidad”, tengo muchas más que quiero compartir con ustedes. Me siento con la obligación espiritual de contarles mi experiencia porque todos pasamos por momentos difíciles en nuestras vidas y a veces no logramos ver la luz al final del túnel. Mi túnel se puso largo, oscuro y frío. Pero siempre hay una solución. Siempre hay una respuesta a nuestras oraciones.

Durante estos últimos meses, y a raíz de la crisis económica que sufrimos, mi esposo y yo nos hemos acercado más a Dios. Lamentablemente, muchos llegamos a los pies del Señor cuando Él es nuestra última opción, cuando ya todos nuestros planes fracasaron, cuando ya no hay nada más que podamos hacer. No fuimos la excepción a la regla. Lo buscamos cuando los bancos tocaron a nuestra puerta, cuando nos reportaron en las centrales de riesgo crediticio, cuando no teníamos ni para mercar. Muchos dirán: pero porqué tan mal si aún uno de los dos tenía empleo. Si Señoras y Señores, mi esposo trabajaba largas jornadas y aun así, el dinero no alcanzaba, habíamos tomado malas decisiones, nos habíamos endeudado hasta los dientes. Por eso, no nos alcanzaba.

Han sido meses de oraciones respondidas en los que hemos podido experimentar la misecordia del Señor. He estado ocupada hablando con Dios, tratando de escucharlo, aprendiendo a conocerlo y obviamente, ocupada con mi labor de maidenes hermosamente y ama de casa 24/7. Ya mi hijo hermosamente tiene 2 años y 9 meses, el tiempo ha pasado realmente rápido. Atrás quedaron los pañales, los teteros, el corral, el coche, la pucheca. Ya me habla con su hermosa voz, me cuenta cómo ve y experimenta el mundo. Todo lo pregunta, todo lo sorprende. Va al Jardín infantil y cada día me impresionan sus avances, su destreza. Cada nuevo logro suyo, es a su vez, un logro mío, porque con cada etapa de su crecimiento, he superado miedos, he llorado, pero también he reído. He aprendido a abrazar mi maternidad con amor y no con temor. Estos han sido meses de milagros inesperados.

Alguna maidenes hemosamente por ahí a la que se le haya complicado la vida por razones económicas, familiares, laborales, de salud? Les dejo el teléfono de nuestro Padre eterno: Jeremías 33:3 Clama a mí, y yo te responderé; te daré a conocer cosas grandes y maravillosas que tu no conoces. RVC

Espero leernos pronto.

Ser o No Ser

Ser una maidenes hermosamente dedicada 24/7 al cuidado de mi hijo ha resultado ser una tarea más difícil de los imaginé. No tanto por las actividades propias de una mamá y ama de casa; sino porque la economía familiar empieza a tambalear.

Tengo un esposo maravilloso que trabaja de sol a sombra por nosotros y para nosotros. Sin embargo, y a pesar de tantas horas de trabajo, el dinero parece no alcanzar. Desde que soy madre, mis prioridades cambiaron drásticamente y pasé de querer ser una gran ejecutiva a ser mamá de tiempo completo y gracias a los esfuerzos de mi esposo he podido hacerlo.

Hoy mis ánimos están bajos y la situación económica familiar me presiona a buscar trabajo remunerado fuera de casa. Debo decir que me siento en una encrucijada, me encanta estar en casa con mi hijo, verlo crecer, salir al parque, jugar con él; pero cuando las cuentas llegan y veo la dificultad para pagarlas me siento culpable por estar en casa, siento que es un  lujo que no me puedo dar.

Mi esposo no me pide que regrese a trabajar para ayudarlo con los gastos de la casa. Me apoya sin importar cuál sea mi decisión; sin embargo, cuando me ve alterada o agobiada tras un día largo de berrinches, pataletas, orinadas, vomitadas y demás; me sugiere que regrese al trabajo para despejarme, para salir de casa, ver gente adulta. Quizás tenga razón; la casa absorbe, agobia. Me encanta participar activamente en el crecimiento y desarrollo de mi hijo, me gusta mantener mi casa en orden, la ropa al día, preparar comidas saludables para mi familia, pero al final del día me doy cuenta que no he logrado hacer ni la mitad de mi lista de pendientes y al verme al espejo no logro reconocerme. La mujer siempre maquillada, peinada, de uñas pintadas y tacones parece haber desaparecido y de repente la ha reemplazado una mujer extraña de cara lavada, pelo recogido, manos ásperas a causa del jabón de la cocina y zapatos deportivos. Atrás quedaron los días en que me sentía atractiva.

Siento mi corazón partido en dos, es una elección que me duele. Volver a trabajar puede aliviar un poco nuestro flujo de caja y si, tal vez me ayude a disiparme, a verme de nuevo bonita, a sentirme una mujer interesante. Pero dejar a mi hijo en una jornada completa en el Jardín, al cuidado de personas que no son su familia me entristece mucho. Claramente no seré la primera ni la última maidenes hermosamente que deba salir a trabajar. Espero poder conseguir un empleo que me permita pasar tiempo con mi hijo y mi esposo o que encontremos la forma de solventar nuestros gastos sin que yo deba alejarme de casa por mucho tiempo. ¡NO SE QUE HACER!

A ustedes, Maidenes hermosamente, como les va con esto? Trabajan fuera de casa? Se quedan en casa al cuidado de sus hijos?

 

Espero leernos pronto.

De gripe en gripe

Bueno, llevo un par de semanas ausente de todo. Mi pequeño hijo hermosamente ha estado un poco enfermito pero por fin vamos saliendo y ahuyentando la gripe. Desde que entró al Jardín infantil no hay mes que pasemos de agache con la gripe. Las dos últimas han sido las más fuertes. En Abril nos enfrentamos a un Rotavirus que “rotó”, literalmente, por todos los  miembros de la casa, incluidas las personas que al vernos tan mal vinieron a ayudarnos. Vómitos, daño de estómago y falta de apetito; dos semanas en las que mi amado hijo perdió cerca de 1 Kilo 300 gramos. Inicialmente, pensé que se trabaja de una indigestión, pero al ver que los vómitos y la diarrea no cesaban, mi esposo y yo nos llevamos al niño a urgencias por nuestra EPS. Aquí debo decir con mucha tristeza, que el servicio es pésimo. Esperé con mi pequeño durante tres largas horas sentada en el piso con él en mis brazos, rodeada de cerca de 70 mamás con sus respectivos hijos, casi todos en las mismas condiciones que mi pequeño, mientras mi esposo esperaba fuera (Solo dejan ingresar a un acompañante por niño). Finalmente, y al ver que no nos atendían, decidimos que no podíamos permanecer más en ese lugar exponiendo a nuestro hijo a algún virus más fuerte del que ya tenía y lo llevamos de regreso a casa donde llamamos a nuestro servicio médico domiciliario. Básicamente nos dijeron que al niño no lo atenderían en urgencias a menos que no esté tolerando vía oral, es decir, que vomite todo lo que se le da y que se encentre totalmente deshidratado. ¿De veras debemos esperar esas instancias? Las indicaciones fueron: hidratar después de cada vomito o deposición con abundante suero oral, una dieta astringente basada en jugos de manzana, pera y guayaba; caldos de pollo, papa y plátano y evitar lácteos, dulces y grasas. Fueron días y noches largos y difíciles, cada día veía a mi hijo hermosamente más delgado y decaído. No le recetaron medicamentos porque se trataba de un virus, debíamos ser pacientes y esperar que el virus saliera de su cuerpo.

Cuando finalmente el Rotavirus se aburrió de nosotros, me encontré con que mi hijo estaba muy delgado y me asusté mucho así que me armé de amor de madre hermosamente y planeé para él una alimentación muy especial para ayudarlo a recuperar su peso. Luego les contaré de qué trata.  Pasadas unas cuantas semanas y en pleno proceso de recuperación, tuvo una gripe que con el paso de los días se convirtió en bronquitis: sencillamente ya no lo podía creer. Nuevamente retrocedimos con el peso ganado y nos enfrentamos a inhaladores, vaporizadores, nebulizaciones y demás. En esta ocasión, cuando sentí que su respiración era diferente y que la tos era bastante persistente, llamé inmediatamente a nuestro servicio médico domiciliario, (no me atreví a llevarlo a la EPS), las indicaciones fueron: mucho reposo en casa, evitar corrientes de aire, cambios fuertes de temperatura y respetar los horarios de los medicamentos.

Como pueden ver, han sido semanas agotadoras no solo física, sino, emocionalmente. Es muy frustrante ver a tu pequeño hijo enfermo, con malestares y no poder hacer mucho por él, más que seguir las indicaciones médicas y proveerlo de todo el amor posible. Doy gracias a Dios porque en ambos casos, mi pequeño salió bien librado y no pasó a mayores y porque contamos con un servicio médico que es relativamente bueno, al menos para atención en casa. Me siento impotente por las madres de otros pequeños que solo pueden acudir a sus EPS´s para llevar a sus hijos. El servicio es realmente nefasto. Tienes que llegar muriéndote para que te atiendan, no hay derecho. Niños con fiebre, vomitando en el lugar, dormidos en las sillas de espera. Es realmente un trato inhumano. El acceso a los servicios médicos es un derecho y en mi país parece más bien que nos hacen un favor al atendernos. Oro por todos los niños, niñas, mujeres, hombres, ancianos que este momento están necesitando ser atendidos en un centro de salud.

Ya hoy, mi pequeño regresó a su Jardín y ha recuperado 1 Kilo de peso, aún nos falta camino para llegar a su peso ideal. Con decirles, que debo ponerle colgaderas a sus pantalones para que no se le escurran.

Mi hijo hermosamente es de contextura delgada y en sus últimos dos controles médicos de crecimiento y desarrollo, se ha ubicado por debajo de su peso y talla ideal. Esto es algo que me tiene bastante preocupada y en lo que he estado trabajando mucho por lo que este par de episodios en la salud del niño han sido un retroceso en lo ganado. Aún debe subir 2 Kilos; y por lo que me dice el pediatra, a su edad, es muy difícil hacerlos subir de peso. Sin embargo, yo estoy segura de que con constancia, amor, dedicación y sobre todo con una buena alimentación, pronto les estaré contando que hemos alcanzado el peso ideal.

Espero leernos y escribirnos pronto.

¿Cómo lo hacen?

He estado visitando varios blogs ¡geniales! Como mamá y ama de casa preparada por muchos años para el mercado laboral y cero años para los quehaceres domésticos, me intriga mucho conocer la forma, técnicas, tiempos en que otras personas hacen las 1.000 tareas que parecen no tener fin en casa.

Hay unas ideas geniales en la web que incluyen:

  • Lista de tareas pendientes con su respectiva priorización
  • Recoger la casa antes de dormir en las noches
  • Poner desengrasante en la ducha cuando todos en casa se han bañado
  • Mamá es la primera que se levanta cada mañana… y la última en acostarse en las noches
  • Lavar la loza tan pronto se ensucia, no dejar que se acumule
  • Hacer un menú semanal para garantizar una alimentación saludable para toda la familia
  • Días específicos para determinadas labores como planchar o lavar la ropa

En fin, la lista continúa y realmente me parecen ideas geniales. La gran pregunta que me hago es: ¿Realmente ponen en práctica estas ideas? Yo, muy juiciosa, lo he intentado, parece un mundo hogareño idílico, pero no logro mantener la rutina por más de una semana: el realmente AGOTADOR.

Les contaré como funciona para mí:

Aunque he intentado levantarme más temprano, mi día comienza con el llanto de mi hijo, (mi mejor despertador porque no me dejar dormir otros cinco minutitos).  Esto ocurre hacia las 6 de la mañana. Salgo corriendo a la cocina para preparar un delicioso tetero (lacté a mi príncipe hasta los 13 meses); mientras se toma el tetero en brazos de su padre hermosamente, yo me baño. Al salir de la ducha, es el turno de baño de mi esposo que aprovecha para bañar al niño; mientras ellos se bañan, yo me visto, me peino y si alcanzo me pongo un poco de polvos y rubor en la cara (todo esto, obviamente, a toda carrera). Tan pronto queda bañado el peque, yo lo recibo para vestirlo, contra lo que él lucha con todas sus fuerzas porque quiere seguir jugando con el agua y el jabón en la ducha. Después de la extenuante tarea de vestirlo, vamos a la cocina a preparar el desayuno, mientras mi peque desayuna, yo corro para alistar su lonchera y maleta. Luego,  salimos rumbo al jardín infantil. Uff, casi no lo logramos, en ocasiones no quiere desayunar o se tarda mucho tomando su desayuno, otras veces es realmente difícil vestirlo. Después de dejarlo con sus compañeritos y profesoras, vuelvo a casa, mi esposo ya está casi listo para salir a trabajar, le sirvo su desayuno y entrego su lonchera, sale de casa pasadas las 8 de la mañana. En este momento quedo sola en casa en compañía de nuestra mascota, un Golden Retriever de cinco años de edad. Me preparo mi desayuno y le doy al perro el suyo. Las tareas de la casa empiezan de la siguiente forma: Tender camas y organizar las habitaciones, recoger la mesa del comedor, organizar la sala, arreglar la cocina, poner a lavar ropa, recoger del tendedero la que ya está seca. Con la casa ordenada, apta para recibir alguna visita inesperada, me dispongo a hacer la limpieza que va de la siguiente manera: aspirar, limpiar polvo, trapear, asear el baño (lavo la ducha 1 o 2 veces por semana y el lavamanos y sanitario entre 2 y 3 veces por semana). Cuando he terminado con esto, son cerca de las 11 de la mañana, hora de hacer el almuerzo. Mientras se cocina el almuerzo, saco la ropa de la lavadora. El almuerzo está listo hacia las 12 o 12:30, me siento frente al tele (sé que no es el deber ser, pero lo confieso, lo hago), pongo las noticias y me como con mucho gusto y apetito mi almuerzo, lavo mi plato y lo que utilicé para prepararlo, saco al perro a hacer sus necesidades y ya es hora de ir al Jardín a recoger a mi polluelo (1:15 pm). Camino un par de cuadras y traigo a casa a mi hijito, en ocasiones llega rendido y se duerme tan pronto llega, otras aún tiene energía y quiere jugar. No me preocupo por su almuerzo porque él ya ha almorzado en su jardín las delicias que yo le mando en su lonchera y que alisto la noche anterior. Así las cosas, cuando el niño se duerme, es mi momento de descansar, en teoría, pero no, es hora de trabajar. Yo trabajo desde casa para una compañía, manejo sus proveedores, pagos, contabilidad. Mientras mi hijo duerme, yo aprovecho para trabajar un poco, si estoy al día, leo, escribo o literalmente me obligo a planchar así sea la camisa del día siguiente de mi esposo. Cuando mi amado hijito se despierta, debo suspender cualquier actividad para que tenga a su mamá 100% para él. Le preparo unas ricas onces que comemos juntos y dependiendo del clima y la hora salimos a jugar al parque o nos quedamos en casa jugando con sus carritos, fichas, crayolas, colores, etc. Esto en una tarde ideal con él, porque cuando sigo ocupada con algo del trabajo o simplemente me siento muy cansada y no tengo ánimos para jugar, las cosas se ponen difíciles; llantos, pataletas, gritos. Seguramente ustedes entienden a lo que me refiero. Hacia las 7 o 7:30 de la noche le doy la cena.  Cosa que tampoco es fácil, a veces la devora tan pronto se sienta a la mesa y otras, retiro el plato tal cual lo serví; bueno, ni tan tal cual; la mitad en el piso, otra parte untada en las manos, cara y pelo del niño y otra parte en la panza del perro que se ubica estratégicamente al lado de la silla del niño para “aspirar” cualquier cosa que cae al suelo. Usualmente, cuando estamos terminando la cena, llega mi esposo, esto es, hacia las 8:10 de la noche. Cuando mi esposo me releva, yo sirvo nuestra cena, cenamos. Mientras él juega con el niño, yo arreglo la cocina, alisto las loncheras del día siguiente y preparo el último tetero del día. A  las 9 preparamos a nuestro amado hijito para ir a la cama, le damos su tetero y por fin el chicqui de la casa cae rendido a dormir hasta el día siguiente. Gracias a Dios, la mayoría de las noches, duerme de un  solo tiro, Yujuuuuu!.

Cuando el niño duerme, su papá prepara los talleres y trabajos de la Maestría que adelanta y yo aprovecho para meterme en la cama y leer un poco, me encanta leer. Es así como mi día termina a las 11 de la noche, dormida sobre alguno de mis libros.

Así que yo me pregunto: ¿En qué momento pueden las otras Maidenes hermosamente, arreglar closets, limpiar los lugares altos de la casa, preparar cenas suculentas, mantenerse en forma yendo al gimnasio, llevar a los niños a alguna actividad extracurricular e incluso participar activamente en algún servicio social con sus Iglesias y hacer otras tantas cosas de nuestra interminable lista de tareas? Me encantaría que quienes me lean me cuenten sobre sus rutinas, sus actividades; ¿cómo lo hacen?

Espero leernos y escribirnos pronto.

 

¡Vamos a dejar el pañal!

Hoy recogí a mi pequeño hijo en la puerta de su Jardín y su profe me recibió con la noticia de que podemos empezar a dejar los pañales. Me sugirió que empezara a quitarle el pañal este fin de semana y que lo llevara al baño cada 20 minutos. Solo debe usar pañal durante las noches. Nosotros ya hemos avanzado un buen camino en relación al control de esfínteres: hacia los 9 meses de edad de mi bebe, nos regalaron un bizcocho para poner sobre la taza del baño y en mi fiebre de estrenarlo lo senté casi inmediatamente y adivinen: ¡hizo popó! Desde entonces, solo usa su silla del baño. Cuando necesita usarla, mayormente en las mañanas después del desayuno, señala su pañal y ya sé que debo sentarlo en la taza. Con la chichi, si ha sido diferente. Hace unos meses intenté dejarlo 1 día sin pañal, pero orinó todo el apartamento con una sola chichi hecha a plazos; entendí que aún no estaba preparado para dar el paso de dejar el pañal.

La profe del niño me dice que después de que tomemos la decisión de quitarle el pañal no hay marcha atrás porque podríamos  retazar el proceso y confundir al niño. Es una tarea que hacemos de la mano tanto en el Jardín como en la casa. Debo llevarle unas 4 mudas de ropa y estar preparada para lavadas gigantes de ropa orinada. ¡Ufff!

Estoy emocionada por esto. Tener el privilegio de superar de la mano con mi pequeño hijo cada etapa, respetar sus tiempos y sus necesidades y tener el acompañamiento de un Jardín maravilloso ha sido genial. Verlo crecer y dejar de ser bebé para convertirse en un niño me conmueve hasta las lágrimas. Reclama con vehemencia su independencia; todo lo quiere hacer solo: quiere comer solo, quiere caminar solo, se quiere lavar sus 12 dientes solo. Nunca pensé que estas cosas empezaran tan pronto; pensé que sería bebé por más tiempo, que dependería de mí para sus rutinas diarias por más tiempo; pero ya ven, aquí estoy con mi hijo hermosamente de 21 meses ad portas de dejar el pañal. Veremos cómo nos va.

Me encantaría que las madres hermosamente que lean este post me contaran como les va o les fue con la dejada del pañal de sus amados hijos. ¿Algún concejo? ¿Idea? ¿Sugerencia?

Espero leernos y escribirnos pronto.

Un pequeño brochazo

¡Lo encontré!:  MAIDENES HERMOSAMENTE. Es la forma cariñosa como llama mi esposo a su mamá y la que yo adopté para la mía. Me ha tomado casi dos meses encontrarle un nombre a mi blog, quien lo creyera…Superado este paso, a lo que vinimos vamos:

En este punto de mi vida, siento que necesito compartir mis experiencias personales con otras mamás y por qué no, papás. Quiero que me cuenten sobre sus vidas, sus rutinas y actividades como padres, tengo mucho que aprender.

Les contaré de mí. Soy mamá de un hermoso pequeño de 21 meses. Economista de profesión, con una especialización en Gerencia Logística  y mi más reciente trabajo es el de ser mamá y ama de casa full time.  Para ser honesta, debo decir que nunca me vi como mamá y menos dedicada 100% a esta bella y difícil labor. En mis años universitarios mi gran sueño era ser una elegante y exitosa ejecutiva. Sin embargo, la vida o papá Dios, tenía para mí otros planes: ser Mamá! Y qué planes…

Quisiera compartir con ustedes mis vivencias, mis retos y mis desafíos como mujer, como mamá y como esposa. Siento que por muchos años me preparé para ser una excelente profesional, para sobresalir en mi trabajo y para priorizar mis actividades académicas. Sin embargo, ya la vida me mostraría que también debí prepararme para ser mamá y para ser esposa.

Desde mi perspectiva, ser ama de casa no tenía mayor misterio. ¡Cuán equivocada estaba!. Me encontraba en un momento soñado de mi vida: trabajaba en una multinacional, estaba en medio de mi especialización profesional, veía venir grandes oportunidades laborales para mí. Años atrás mi ginecólogo de cabecera me había diagnosticado infertilidad, por lo que para mí y mi esposo, nuestra vida sería vivida sin hijos (aunque ya habíamos adoptado a un hijo perruno del que tal vez más adelante les contaré). Así las cosas, mi vida transcurría entre mi trabajo, mi universidad y eventuales salidas y paseos con mi esposo y amigos en común.

Un día y para nuestra sorpresa, la prueba salió Positiva, ¡no lo podía creer!, íbamos a ser Padres. Y cómo diré esto: sin más ni menos, la gran compañía multinacional para la que trabajaba decidió no renovar mi contrato laboral. Así que allí estaba yo con la noticia de mi embarazo y estrenando desempleo. Lloré, pataleé, sufrí, me angustié.  Para colmo de males, en mi primera cita médica tras la noticia del embarazo y debido a mi historial clínico, me dijeron que mi embarazo era de alto riesgo y que debía someterme a una serie de exámenes. Para resumirlo todo, después de visitar a los médicos de todas las especialidades durante mi embarazo, en la semana 39, di a luz a un hermoso y saludable hombrecito.

Todo este proceso para mí ha sido bastante complejo, enriquecedor y al tiempo desgastante emocionalmente. Han sido los 2 años más emotivos y retadores de mi vida. He vivido cosas bonitas y otras no tanto y realmente quiero compartirlo.

Saludos a todas las maidenes hermosamente que se topen con mi blog y me lean.

Espero leernos y escribirnos pronto

Buscando un nombre para mis ideas

Tengo una idea, bueno más que eso, un deseo que ocupa mi mente desde hace ya mucho tiempo y cuando digo mucho, es mucho tiempo… quiero escribir! Cuando la idea empezó a rondar mi cabeza,  acababa de dejar el nido y me había mudado de ciudad, así que como se imaginarán mis  motivaciones eran hablar de ese proceso, mi nueva vida, mis nuevas experiencias, mis nuevos amigos, mi nuevo todo… luego adopté un perro y adivinen: quería hablarle al mundo sobre mi experiencia como mamá perruna.. Y así fueron aconteciendo diferentes cosas en mi vida y para cada una quería un espacio con letras. Sin embargo, cuando se crearon las excusas salí yo de primera: pasó que la vida se fue sucediendo, los días fueron pasando y mi idea de escribir se fue desdibujando; el trabajo, el post grado, el perro, la casa y ahora mi bebé de 19 meses que no me deja ni a sol ni a sombra, han sido mis diferentes excusas para no escribir. Pero aquí estoy; me armé de valor y de tiempo, porque ya no quiero, necesito escribir, desahogarme y ojalá encontrar mamás que se identifiquen conmigo en mi caminar por la vida como mujer, esposa y mamá.

Y no lo van a creer, pero tuve que empezar a escribir mi primera entrada en un borrador porque (y esta es otra se mis excusas) no logro encontrar un nombre para mi blog. Pienso que debería hacer alusión a los temas que voy a tratar, pero que creen: no sé sobre qué voy a escribir. ¿Sobre mis experiencias como mamá?, ¿Sobre mis retos como mujer?, ¿Sobre mi papel de esposa?, ¿Sobre mi carrera aplazada y mi trabajo 24/7 en casa? No sé, tal vez de todo un poco.

Espero leernos y escribirnos pronto.